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Cuando resta poco más de un mes para el comienzo de la cita deportiva de los cinco aros en Londres, Gran Bretaña, el globo terráqueo estará este día 23 de júbilo por la celebración del Día Mundial del Olimpismo, instaurado por la creación, en 1894, del Comité Olímpico Internacional (COI).
Hace exactamente 118 años, el Barón francés Pierre de Coubertin fue el principal impulsor del renacimiento de los juegos cuatrienales, en la Era Moderna, cuya premisa fundamental incluía exaltar y combinar las cualidades del cuerpo, la voluntad y el espíritu de los atletas.
Así se pone de manifiesto en uno de los principios fundamentales de la Carta Olímpica, en la que reza:
“El Movimiento Olímpico tiene por objetivo contribuir a un mundo mejor y más pacífico, educando a la juventud a través del deporte, practicando sin discriminación de ninguna clase y dentro del espíritu olímpico, que exige compresión mutua, espíritu de amistad, solidaridad y juego limpio.”
A decir verdad, el galo nunca contempló al sector femenino de la sociedad de entonces, entre los competidores de tan majestuosas celebraciones.
Como recoge el periodista deportivo cubano Víctor Joaquín Ortega en su libro Las Olimpiadas de Atenas a Moscú, Coubertin “estuvo siempre en contra de los intereses mercantiles y políticos relacionados a los Juegos Olímpicos”, algo que hoy se torna difícil de desligar.
De esa manera, promoviendo la voluntad, la entrega, el esfuerzo, el valor y la entereza de los deportistas, comienza, dos años después de creado el COI, la primera edición de la magna fiesta deportiva, que tuvo por sede a la ciudad griega de Atenas, para rememorar aquellas gestas competitivas efectuadas en la antigüedad.
Esos eventos resultaban sagrados para los contendientes griegos, en las que viejas rencillas quedaban interrumpidas mientras duraran los juegos en señal de respeto hacia la paz deportiva, algo de lo cual no pueden vanagloriarse las competiciones actuales, puesto que han sido aplazadas en dos ocasiones debido a igual número de guerras mundiales en el siglo XX.
El seis de abril de 1896, y a pesar de algunos obstáculos que pusieron en peligro la materialización de Coubertin, el rey Jorge I de Grecia proclamó abiertos, en el estadio de Atenas, los Primeros Juegos Olímpicos de la Era Moderna, al cual asistieron alrededor de 285 deportistas de 12 países.
Las naciones representadas fueron Alemania, Australia, Bulgaria, Chile, Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Grecia, Hungría, Suecia y Suiza.
Se compitió en nueve disciplinas: campo y pista, lucha grecorromana, levantamiento de pesas, tiro deportivo, esgrima, tenis, natación, gimnástica y ciclismo, y en las que el primer campeón olímpico resultó el estadounidense James Brendan Connolly, en el triple salto.
Hazañas, anécdotas, marcas extraordinarias, vicisitudes, experiencias positivas y amargas, alegrías, tristezas, satisfacciones, entre otras emociones y momentos inmemorables, han sucediendo durante las 29 ediciones precedentes, de las cuales no estará exenta la edición londinense, del 27 de julio al 12 de agosto próximos. (Por Alejandro Martínez Martínez, AIN)
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