Caballero, estratega militar, hombre de Baraguá PDF Imprimir E-mail
Cuba - Cuba
Miércoles, 13 de Junio de 2012 07:36

Antonio MaceoCon el tiempo idealizamos a las figuras históricas y pasamos por alto sus características como individuo, de ahí que en este 14 de junio al evocar el nacimiento de Antonio Maceo en 1845, comencemos por decir que, además de ser un reconocido estratega militar, sobresalió por sus maneras distinguidas, su trato comedido y cortés.

Era igual para sus similares en jerarquía que para sus subalternos, lo cual nos da la medida de su sencillez. Nunca expresaba una estridencia, ni una frase mal sonante y cuando reprendía por una falta en el cumplimiento de los deberes militares lo hacía en voz baja y pausadamente, como para ser escuchado solo por la persona a quien amonestaba y en ese tono podía prevenir hasta sobre los castigos más severos.

Al Lugarteniente General Antonio Maceo sus contemporáneos lo reconocían como un conversador consumado y ameno, preocupado por cultivar sus conocimientos. Gustaba ir al teatro en tiempos en que se encontraba en el exilio, tras la Guerra de los Diez Años.

Tenía finos modales, pulcro en el vestir, galante con las damas. Su arrojo y valentía le ganaron, incluso, el reconocimiento del enemigo.

Existe una anécdota que ilustra la cortesía del bravo mambí, quien salvó la vida en una ocasión gracias a un gesto galante:

En lejanas tierras, en el exilio, también lo acecharon peligros mortales, pues los españoles no se conformaban con que aquel hombre de singular bravura, continuara vivo. Estando en San José de Costa Rica decidió una noche ir al teatro, del que era gran aficionado.

Se presentaba la compañía en la cual el primer actor era el artista cubano Paulino Delgado, íntimo amigo suyo. A la salida de la función, un grupo de españoles se adelantó, situándose en una posición ventajosa. Otros hispanos siguieron a Maceo hasta un punto determinado, y rodearon a Enrique Loynaz del Castillo, quien iba un poco atrás. En breve  ocurriría un tiroteo en el que el Titán de Bronce pudo ser asesinado.

Maceo caminaba a cierta distancia de Loynaz del Castillo, cuando éste fue rodeado por unos peninsulares que lo amenazaron por su artículo publicado en La Prensa Libre. Cuando el Titán de Bronce reparó en la situación y se viró en dirección a Loynaz, sonaron los primeros disparos del grupo de hispanos apostados en la esquina. Un gesto cortés impidió que muriera.  

Precisamente en ese instante venía una señora que corría asustada, y al darle Maceo la preferencia para que pasara, a la dama se le cayó el paraguas. Entonces, el  Lugarteniente General se agachó a recogerlo, y estando en esa posición, el español Lucio Chapestro le disparó, pero el balazo, que pudo ser  mortal, solo vino a sumar otra herida a las más de 20 que llevaba en su fornido cuerpo.

Antonio fue el primer hijo que tuvo el matrimonio de Marcos Maceo y Mariana Grajales. No obstante los prejuicios raciales y la situación que vivía Cuba, tuvo una infancia feliz.

Su padre se había casado con Mariana Grajales en 1843, después que ésta quedó viuda y tuvo cuatro hijos con su primer esposo. El futuro Lugarteniente General del Ejército Libertador despuntó desde pequeño por su  inteligencia.

Pasados los años, en 1895 cuando ya era una figura prominente en las luchas independentistas cubanas demostró, como tantas otras veces, su astucia al organizar una red de agentes al servicio de la causa revolucionaria. De ese modo pudo penetrar el despacho del Capitán General Valeriano Weyler  y conocer secretos militares del ejército ibérico.

Así era Antonio Maceo, el hombre de Baraguá, el militar que sabía decir una frase de aliento al compañero herido, el esposo amantísimo, el caballero de buenos modales. (Por María Elena Balán Saínz / AIN)

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