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Nuestros antepasados constantemente se comunican con nosotros y para ello no necesitan de máquinas del tiempo ni médium, bastan, por ejemplo, lo que escribieron, sus objetos personales, los recuerdos.
El patrimonio no se limita a las construcciones monumentales o las evidencias de grandes momentos históricos, la vida común es su principal escenario de creación, transformación y transmisión.
¿Qué pasaría si todo lo que pudiéramos legar a los seres humanos del futuro está almacenado en un material perecedero? Quizás esa parte de la historia de la Humanidad será un gran silencio, otro eslabón perdido para los científicos del mañana.
La tecnología digital abrió enormes posibilidades para la acumulación y organización de gran cantidad de información; sin embargo, los dispositivos de almacenamiento son muy frágiles y su propia estructura los condena a desaparecer.
Las computadoras, discos compactos (CD/DVD) y las popularmente conocidas memorias flash están destinadas a morir debido a lo que algunos especialistas llaman obsolescencia planificada, la cual tiene el objetivo de compulsar al consumismo.
Los discos compactos, por ejemplo, tienen su vida útil estimada entre los 20 y 25 años debido a que con el tiempo la reacción química vuelve transparente su brillante capa de aluminio, donde se “queman” los datos. Existen dispositivos de este tipo que se elaboran con plata y oro, lo que prolonga algo más su existencia, pero a gran costo para los consumidores.
En las memorias flash el tiempo de vida útil se mide en ciclos de escritura sobre las células de memoria.
Según cálculos de expertos del gigante tecnológico Toshiba, cualquier dispositivo de este tipo con 256 mega bites de capacidad, se podría borrar una vez por día durante casi tres décadas; sin embargo, el constante uso a que se someten, da el estimado real de vida de 5 a 10 años.
¿Acaso la tecnología digital representa un peligro de amnesia histórica? Por el momento se habla de la continua multiplicación de los contenidos almacenados en estos dispositivos, el desarrollo de otros más duraderos y por supuesto, de Internet.
El concepto de “nube virtual”, desarrollado por Steve Jobs y otros gurú de Internet, ha propiciado que este debate se aparte de la carrera tecnológica del hardware para centrarse en el concepto, el cual parte de la construcción colectiva del conocimiento y su almacenamiento en el universo virtual.
Un estudio publicado recientemente por la revista Sciencie planteó que actualmente la Humanidad tiene capacidad para almacenar información tal, que es como si cada ser humano poseyera 162 bibliotecas de Alejandría. De toda esa cantidad de datos, apenas el 0,007% está en soporte de papel.
Sin embargo, todo ese conocimiento se presenta de manera desordenada, está sujeto a manipulaciones y en ocasiones engendra síndromes como el de la saturación de información.
Por cualquiera de estas vías, o quizás por otras como la tradición oral, las inscripciones en las piedras o incluso la herencia genética, la Humanidad encontrará siempre la manera de comunicarse con el mañana. (Por José Armando Fernández Salazar / AIN)
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