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Luego de exitosos seriales como Diana, Doble juego y La otra cara, el realizador Rudy Mora vuelve a la carga, en esta ocasión, para incursionar en el séptimo arte.
Su ópera prima Y, sin embargo... por estos días uno de los platos fuertes en los cines cubanos, aunque polémica, conjuga calidad artística y el fantástico relato que hace reflexionar al público de todas las edades.
Para el guión, el creador, experimentado conocedor de los medios audiovisuales, se basó en la adaptación de la pieza del ruso Alexander Jmélik que hiciera Carlos Alberto Cremata para ser interpretada por los niños de La Colmenita, colectivo artístico el cual dirige.
Y, sin embargo... parte de la historia de Lapatún, niño que llega tarde al examen y para justificarse alega haber visto un platillo volador. A partir de ese instante se desatan disímiles situaciones, dosificadas mediante el artilugio de la fábula, la ciencia ficción y el humor, a lo cual se suma la música de Silvio Rodríguez con nuevas melodías del cantautor.
La película, además de canciones antológicas como Locuras, incluye dos melodías inéditas: Cayó una estrella y Cosmonauta, con la cual empieza la cinta. Mora incluyó al autor de Unicornio en el staff de actores, según ha declarado a la prensa, como "especie de homenaje secreto" por lo que este significa para su generación.
Reconocidos actores, entre estos, Adria Santana, Larisa Vega, Laura de la Uz, Eslinda Núñez, Manuel Porto y Raúl Pomares, integran el reparto junto a los niños Olo Tamayo, Liliana Sosa, Carolina Fernández, Daniel Ramírez y Ernesto Escalona, uno de los protagonistas de la multipremiada cinta cubana Habanastation, de Ian Padrón.
Al más reciente estreno del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) lo avalan ingredientes que, sin circunscribirse a los códigos del cine comercial, lo hacen muy atractivos para el gran público. A la excelente música se suma el espectáculo, el cual deslumbra desde el punto de vista de la visualidad, gracias a los minuciosos y cuidadosos trabajos en la fotografía, la dirección de arte, el vestuario y maquillaje.
Relatos no siempre convincentes del todo y el uso reiterativo del tono resueltamente declamatorio por parte de los pequeños actores, no logran empañar el resultado final de esta entrada de Rudy Mora en el mundo del celuloide. La obra, aleccionadora y reflexiva en favor del mejoramiento humano y de la virtud, es hermosa historia que, por un lado, subraya la capacidad para luchar contra intolerancias e incomprensiones y, al hacerlo, al propio tiempo invita a entrar en el mundo de la fantasía. (Por Teresita Jorge Carpio / AIN)
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