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Como todos los años, el Primero de Mayo en Cuba es ocasión de festejos y reafirmaciones, de compromiso con la clase obrera, el épico pueblo al que pertenecemos, y con la Revolución, la cual desde sus orígenes se propuso ser “de los humildes y para los humildes”.
Para el resto del mundo, tampoco será este un día cualquiera. En muchas naciones sus trabajadores protagonizarán masivas manifestaciones de denuncia, huelgas y demandas por los sueños, esperanzas y derechos tanto tiempo conculcados.
Quizás algunos se empeñen en restarle importancia a la simbólica fecha. Aun así, no lo podrán negar, pues el cotidiano ritmo de sus vidas se verá cambiado, al menos durante las horas que duren los acontecimientos organizados en cada país en saludo al Día de los Trabajadores.
Tradición y deber histórico también guiarán al proletariado cubano en la conmemoración, cuyo estreno mundial tuvo lugar hace más de un siglo, en 1890, por acuerdo de la II Internacional, en París, Francia.
Pancartas, carteles, banderolas y lemas, llevados de la mano de los obreros y sus familias, estudiantes e invitados extranjeros, adornarán este nuevo acto, en el cual acompañarán la jornada la denuncia contra el bloqueo, la defensa de Los Cinco y los conceptos de unidad, productividad y eficiencia.
El sector de la salud encabezará por vez primera el desfile, en representación de los cerca de medio millón de profesionales y técnicos de la rama.
Como expresión de las actuales transformaciones económicas que vive el país, también se hará presente la nueva fuerza laboral con crecimiento dentro del sector no estatal: los trabajadores por cuenta propia.
En toda la Isla, de este a oeste y de norte a sur, se harán presentes educadores, constructores, civiles de la defensa, empleados de los servicios comunales, hombres y mujeres, niños y adultos de la tercera edad.
La juventud, garante de la continuidad de la Revolución, asumirá nuevamente la responsabilidad de cerrar el desfile. Marcharán en bloque final 50 mil jóvenes, mil por cada uno de los 50 abriles cumplidos por la Unión de Jóvenes Comunistas.
Nos acompañarán más de mil representantes de 162 organizaciones sindicales y de movimientos sociales y de solidaridad procedentes de 62 países de todos los continentes. Otros 102 delegados de 37 naciones estarán en la fiesta cubana de los trabajadores.
Y en este mundo de hoy, en el que cada día se anuncian nuevos cambios, hasta en los propios Estados Unidos se hará imposible, esta vez, detener la marcha de los indignados, de los olvidados.
Será este un año diferente. Millones de trabajadores, estudiantes, inmigrantes y desempleados de más de 115 ciudades del territorio norteño participarán, por primera vez, en la convocatoria a la huelga general.
Al parecer este dejará de ser un día cualquiera también allí, y la denuncia del escritor uruguayo Eduardo Galeano, en su obra El libro de los abrazos, será escuchada: “El primero de mayo es el único día verdaderamente universal de la humanidad entera (…), pero en los EE.UU. la gente trabaja normalmente y nadie, o casi nadie, recuerda que los derechos de la clase obrera no han brotado de la oreja de una cabra, ni de la mano de Dios o del amo”.
Hasta en Europa se anuncia el hervidero. Grecia, Italia, España, donde con el pretexto de la crisis se pisotean brutalmente y a diario los derechos de los trabajadores, la conmemoración devendrá protesta contra las políticas que ponen fin al llamado “estado de bienestar” y lanzan a millones al desempleo.
Como si aquella frase de Federico Engels en igual fecha de 1890 fuera dicha hoy: “Los trabajadores de América y de Europa están pasando revista a sus fuerzas (…) El espectáculo que hoy presenciamos hará a los capitalistas de todo el mundo darse cuenta de que el proletariado está verdaderamente unido”.
Las campanas del Primero de Mayo nuevamente repican. Las palabras de August Spies, uno de los Mártires de Chicago, convocan al proletariado universal y advierten a políticos y banqueros:
“Si ustedes creen que ahorcándonos aplastarán al movimiento obrero… el movimiento del cual los millones de oprimidos, los millones que padecen carencias y miseria, esperan la salvación, si es esta su opinión, entonces cuélguennos. Aquí apagarán solo una chispa, pero allá y acullá, detrás y delante de ustedes, por todas partes se levantarán las llamas. Es un fuego subterráneo y ustedes no podrán apagarlo”. (Por Ana Ivis Galán García / AIN)
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