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Por Ernesto Pantaleón Medina / Televisión Camagüey
Los grandes avances científico-técnicos merecen el agradecimiento de todos los seres humanos, beneficiados desde hace siglos por los resultados de esas mentes privilegiadas que dieron su aporte al desarrollo en numerosos campos.
Así, la penicilina ha salvado millones de vidas, la telefonía acercó a las personas para su comunicación, y la aviación acortó distancias entre las naciones y continentes.
Bastan esos sencillos ejemplos para graficar el mundo de oportunidades que se abrieron a la humanidad gracias a la ciencia, hasta llegar a los viajes espaciales y la inter net, conquistas que no asombran hoy a nadie.
Pero ¿marcha todo sobre ruedas? ¿Se revierten esos avances en bienestar?
Como alerta el misionero y sociólogo Enrique Marroquín: ¨Corres bien, pero fuera del camino¨. Así nos enfrentamos en el siglo XXI a una disyuntiva entre técnica y ética: ¿Todo lo que se puede realizar técnicamente se puede realizar éticamente? (*)
Para nadie es un secreto los miles de millones que potencias como los Estados Unidos destinan cada año a las investigaciones con fines militares, y los monumentales gastos que han generado las guerras en Irak, Afganistán, Libia y quien sabe cuantos lugares más, presentes o futuros.
¿Cuántas oportunidades para servir a la humanidad podrían abrirse con la creación de aviones no tripulados (drones) similares a los que lanzan bombas hoy sobre varias regiones del mundo?
Y mientras, más de un tercio de los habitantes del planeta padecen hambre extrema o mueren por desnutrición y enfermedades curables por no tener acceso a los servicios de salud más elementales.
Es una verdadera vergüenza que mientras existen clínicas especializadas en la cirugía estética, o peluquerías para mascotas, millones de personas no disponen de agua potable, de un aula o de un simple antibiótico para salvar la vida.
Perfectamente podrían calificarse los datos siguientes como de espanto: En la década de los 90 del pasado siglo, Estados Unidos gastaba cada año en estupefacientes el equivalente a la deuda externa de México, nada menos que ciento diez mil millones de dólares, cifra igual a la que se consumían en la nación del norte en cosméticos.
Para colmo de los colmos en el empleo de la técnica en detrimentote la ética y la razón: en 1988 se gastaron en México 500 millones en publicidad televisiva de bebidas alcohólicas. (*)
Se impone, como tabla de salvación de la especie, una cultura de la solidaridad, el amor y el altruismo, algo de lo que los cubanos tienen mucho que enseñar al mundo.
(*) E. Marroquín, Dios en el amanecer del milenio Ediciones Dabar, 1999 México DF
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