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Por Ernesto Pantaleón Medina / Televisión Camagüey
¿Fincas listas? Estas dos palabras encierran en sí interminables horas, machete o hacha en mano, en una verdadera lucha, casi siempre desigual, contra el marabú, planta que semeja una hidra cuyas cabezas espinosas retoñan con cada corte en un intento por desesperar al más ecuánime.
Perseverancia, valor y mucho amor a la tierra, son las principales armas esgrimidas por el hombre y su familia, en un combate que desde hace tres años se ha librado en una franja de diez kilómetros alrededor de la ciudad de Camagüey, a partir de la puesta en marcha del programa llamado Agricultura Sub Urbana.
En total se registraron alrededor de 30 000 hectáreas de tierras improductivas, que fueron entregadas mediante el Decreto Ley 259 para sus puesta en explotación con fines ganaderos o de producción de cultivos varios, y cambiaron radicalmente el entorno hasta parecer verdaderos jardines.
A la distancia de un trienio los saldos en alimentos (viandas, hortalizas, granos y frutas) se han duplicado, y alcanzan hoy para satisfacer el 39 % de la demanda de la capital provincial, resultado que, aunque alentador, dista mucho aún de las necesidades de más de 300 000 residentes, a los que debe sumarse una nutrida población ¨flotante¨, que arriba de otros sitios.
Al cierre de 2011 esta modalidad de aprovechamiento de la tierra, de la cual la cabecera camagüeyana fue pionera en el país, reportaba 436 fincas listas, lo que equivale a libres de marabú y malas hierbas, con una producción diversificada, métodos de agricultura ecológica y recursos propios.
Lógicamente, no han estado solos los nuevos campesinos en tales empeños; el estado les ha otorgado créditos con facilidades de pago, y han recibido funcionales sistemas de regadío, implementos de diverso tipo y otros medios indispensables.
No obstante lo avanzado, que no es poco, hay que crecer, y hacerlo en las áreas desbrozadas y puestas a punto, en la organización correcta de las siembras, las cosechas, la transportación y la comercialización.
También es necesario lograr una cultura ganadera que en la práctica se traduzca en más leche y carne, para lograr de manera definitiva el autoabastecimiento territorial y el cumplimiento de los compromisos con el balance nacional de alimentos.
Todo ello se resume, igual que las que dan comienzo a este trabajo, en solo dos palabras, pero estas son: producción y eficiencia.
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1- No ofender, escribir frases obscenas ni malas palabras.
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3- Trate de escribir con buena ortografía, nuestro idioma es muy rico y frases mal escritas pueden ser mal interpretadas.