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El grupo Danzabierta vuelve a situarse en los primeros planos del panorama cultural cubano con el estreno de su gran espectáculo Show room, que el fin de semana anterior animó el escenario del capitalino Teatro Mella.
Con solo seis bailarines, la coreografía de Susana Pous tiene tal aliento que se convierte en una metáfora de la vida misma, al ahondar en esas máscaras de éxito y glamour que cubren el esfuerzo, las penas y las agonías de casi todo emprendimiento humano.
Resuelta ingeniosamente para dar las dos caras de esa moneda, los realizadores apelaron a un gran panel cuadrangular móvil, que en una cara tiene un brillante telón de boca y en el reverso una oscura superficie, que según se coloque muestra las entretelas de la historia.
En apenas una hora e inspirada en los espectáculos de cabaret de los años 40 y 50 del siglo anterior, a la coreógrafa le basta lo elemental para hacer reflexionar al público acerca de la condición humana y los empeños por cubrir lo aparentemente exitoso con una máscara de alegría y elegancia.
Una dinámica vertiginosa, gracias al talento y excelente preparación física de los intérpretes, hacen que el espectáculo fluya sin tropiezos y mantenga en vilo la atención de los espectadores.
A ello contribuye mucho la música, compuesta especialmente para “Show room” por el creativo X Alfonso, quien atinadamente sabe acompañar la dramaturgia de la obra, sin superfluos subrayados.
La banda sonora también está enriquecida con las voces del propio X Alfonso, Ele Valdés, Carlos Alfonso, María Luna Alfonso, M Alfonso y Diana Fuentes, quienes acentúan con precisión la trama que se va desarrollando con agradecida fluidez.
A las excelencias de Mailyn Castillo, Saro Silva, Yaima Cruz, Taymi Ramos, Jennifer Martín, Abel Berenguer y Yoan Matos hay que sumarle las dificultades de asumir la complicada evolución con zapatos de tacón alto y un funcional vestuario que constantemente se van quitando y poniendo en la escena.
En el rubro del diseño también hay que elogiar a Guido Gali y Susana Pous, quienes lograron, con gran sobriedad y economía de recursos, reflejar el glamour del cabaret, evitando estridencias y ofreciendo esencias.
En fin, “Show room” resulta uno de esos grandes espectáculos a la altura de cualquier gran teatro del mundo. Una concepción redonda y sin fisuras que el público disfruta a plenitud y le deja esa inquieta interrogación sobre el hombre y sus circunstancias que las verdaderas obras de arte saben siempre traer a colación. (Por Por Octavio Borges Pérez / AIN)
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