| Festejos en la organización femenina cubana |
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| Cuba - Cuba | |||
| Viernes, 20 de Agosto de 2010 07:13 | |||
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Por: Noel Manzanares Blanco / Televisión Camagüey Al medio siglo de existencia llega la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), una Organización No Gubernamental (ONG) sui géneris por su manera de representar dignamente a las féminas de la Mayor de las Antillas. Su cumpleaños este 23 de agosto, estará especialmente dedicado a la inolvidable luchadora Vilma Espín Guillois, fundadora de esa organización e inspiradora y guía de la mujer cubana, y a Emilia Teurbe Tolón, quien bordó la primera enseña nacional y cuyos restos serán inhumados precisamente el venidero lunes en la necrópolis de Colón, en La Habana. La efeméride constituye una oportunidad para destacar algunos de los más importantes logros del movimiento de las damas en nuestra nación a través de su historia, particularmente después de la clarinada de enero de 1959. Así, me resulta obligatorio tomar como antecedente lo acontecido al calor de la Asamblea de Guáimaro, en abril de 1869: tras seis meses de lucha armada contra el colonialismo español, los cubanos se reunieron en el Este del Camagüey —lugar equidistante de las regiones insurrectas— en aras de ponerse de acuerdo en torno a los objetivos y formas que debía asumir la guerra. Fue justo en aquel trascendental contexto histórico en el que se levantó la voz de la camagüeyana Ana Betancourt Agramonte, quien sentenció: “Ciudadanos: aquí todo era esclavo; la cuna, el color y el sexo. Vosotros queréis destruir la esclavitud de la cuna peleando hasta morir. Habéis destruido la esclavitud del color emancipando al siervo. Llegó el momento de libertar a la mujer”. Hallo aquí la brújula que guió al quehacer combativo de la mujer cubana desde entonces, pasando por el acompañamiento a la "guerra necesaria" que diseñó José Martí y los trajines revolucionarios de las féminas de Cuba durante las seis primeras décadas del siglo pasado. Con el triunfo del Primero de Enero, emergió la posibilidad real de “libertar a la mujer” y paulatinamente atrás fue quedando la discriminación por concepto de sexo, como también tuvo lugar con cualquier tipo de desprecio humano. No obstante, los avances estuvieron condicionados a una premisa fundamental, a saber: cortar la división existente entre las diversas organizaciones que representaban los intereses de las féminas cubanas, por lo que el 23 de agosto de 1960, en La Habana, surgió la FMC. Entre las primeras tareas que asume esta organización, se encuentra una que, por su indiscutible efecto multiplicador, deseo significar: me refiero a la lucha por el empleo social de la mujer cubana. Venciendo no pocos obstáculos —el machismo, quizás el mayor de ellos— la Federación fue obrando casa por casa, incorporando de manera creciente a la mujer a la vida socialmente activa, fuera como estudiante o como trabajadora, cuyo fruto no se debe asumir solo desde la perspectiva de la independencia relativa de ellas, sino asimismo en el sentido de estimular la oportunidad de recibir la inmensa creatividad y espíritu de triunfar que siempre han sido consustanciales a su dinámica. Para ilustrar la idea anterior, no me voy a detener en el hecho de que apenas es un dato que la mujer cubana representa más de la mitad de la fuerza técnica y profesional del país, sino en resaltar una expresión que está en la Convocatoria al V Congreso del Partido Comunista de Cuba (1997): “La mujer cubana, heroína indiscutible del Período Especial”. Compulsada por la FMC, nuestras compañeras se convirtieron en la columna vertebral de los núcleos familiares y la sociedad cubana en sentido general, toda vez que hicieron de la invencibilidad algo cotidiano en aquellos difíciles y gloriosos días de finales del siglo pasado: trabajaban tanto o más que nosotros en escuelas, hospitales, fábricas..., y luego, en la casa, ¡a inventarla! —literalmente hablando. Y seguían, como ahora, en la primera línea del combate. Claro está, la mujer cubana no es víctima del “terrorismo doméstico” como acontece en la “culta” Europa; ni tiene que estar pensando en cómo venderle el alma al diablo como sí sucede por lo común en muchas parte del mundo —sin que ello quiera decir que en Cuba todo es color de rosa. Por demás, no deseo pasar por alto un detalle: las Casas de Orientación de la Mujer y la Familia, una de las creaciones más influyente de la FMC. Con el surgimiento de estas Casas, casi dos décadas atrás, la organización femenina cubana no solo edificó el ente especial encargado de ocuparse de las necesidades e intereses de nuestras mujeres, sino que igualmente su influencia se trasladaba a toda la problemática en el seno familiar con la atención a amenazas tales como la maternidad temprana, el alcoholismo y otras desgracias, y en pro de mejorar la calidad de vida de la célula fundamental de la sociedad cubana. Con estos elementos de juicios, ¿quién duda que en la FMC tenga nuestra sociedad una ONG de extraordinaria valía? Enhorabuena. 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