¿Ruido ambiental: tema sin importancia? PDF Imprimir E-mail
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Miércoles, 08 de Febrero de 2012 12:42

Por: Yalina Alvarez Pérez / Estudiante de Periodismo

Ruido AmbientalTodas las ciudades tienen sus encantos, peculiaridades que las hacen únicas y las diferencian de otros lugares por sus bellas vistas,  paisajes, olores y sonidos.

 

 

Solo que en ocasiones descubrimos que estas características no son lo que siempre queremos escuchar o ver, sobre todo cuando se trata de visiones desagradables o de sonidos que se convierten en ruidos.

 

En la actualidad el nivel  de desarrollo alcanzado por las ciudades y el ritmo de trabajo de las personas que las conviven, así como las grandes industrias, maquinarias y artefactos utilizados por los humanos, han provocado el surgimiento del ruido como un conjunto de sonidos inarticulados y sin armonía que afectan la audición plena o clara.

 

Este hecho constituye una de las formas en las que se puede afectar al Medio Ambiente e incluso la salud personal.

 

¿Asombrado? Quizás, pues en la actualidad no se toma demasiado en serio lo que constituye el ruido ambiental.

 

El ruido se puede manifestar de diferentes formas y en lugares como viviendas y centros de trabajo. En estos últimos existen normas y reglas que protegen a los trabajadores de las consecuencias adversas que puede acarrear una exposición extensa a la contaminación acústica.

 

Cuba se rige por la norma que se ocupa de los centros de trabajo emitida en los años 80 del pasado siglo, que regula los niveles de ruido en dependencia de las actividades que realice el obrero, controlada por instituciones como el Centro de Investigación de Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), y el Ministerio de Salud Pública a través de sus sedes territoriales.

 

Esta norma ofrece como límite los  85 decibeles tras los cuales cualquier exposición parcial o permanente puede provocar daños en el organismo humano como alteraciones en el sistema nervioso o digestivo, e hipoacusia profesional.

 

Sin embargo, los centros de trabajo no son solamente los emisores de ruido por excelencia, existen zonas residenciales donde se compite por la prevalencia de la música más alta sin tener en cuenta los deberes de ciudadanos que debemos cumplir.

 

Muchos somos víctimas de este mal comportamiento de algunas personas de nuestra sociedad. Coincidirá conmigo en que acciones como estas molestan continuamente, no solo a uno, sino a varios ciudadanos y contaminan nuestras vidas.

 

Quizás debamos remitirnos a la Norma Cubana de Contaminación Ambiental Atmósfera, Ruido y Zonas Habitables, de 1999; donde se expone que los niveles sonoros máximos admisibles no deben exceder de los 70 decibeles,  ya sea en áreas públicas, de remodelaciones o nuevas urbanizaciones, en dependencia del período diurno o nocturno.

 

Es hoy de vital importancia que centremos nuestra atención en este aparente tema sin importancia que atañe a todos. Urge evitar ser propagadores de este ruido ambiental para de este modo proporcionarle a las generaciones venideras un ambiente libre de contaminaciones acústicas.

 

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