Política de Cuadros, clave en la continuidad de la Revolución PDF Imprimir E-mail
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Domingo, 29 de Enero de 2012 10:02

Por: Noel Manzanares Blanco / Televisión Camagüey

Primera Conferencia Nacional del Partido Comunista de Cuba

Al calor de los temas medulares que se tratan en la Primera Conferencia Nacional del Partido Comunista de Cuba, encuentro pertinente compartir unas ideas acerca de la necesidad de pensar el hoy y el mañana en la perspectiva de aprender y aprehender de la percepción de Che Guevara, básicamente de dos obras: El cuadro, columna vertebral de la revolución y Contra el burocratismo.

 

Es que el extraordinario evento de la vanguardia ideo-política en la Mayor de las Antillas, ha significado cómo resulta indispensable modificar métodos y estilos de trabajo para precisar y consolidar su papel en la política de cuadros, con énfasis en la promoción de mujeres, negros, mestizos y jóvenes a cargos de dirección, tanto políticos como en otras organizaciones e instituciones, siempre basados en el mérito y las condiciones personales.

 

Así, traigo a colación ese primer escrito del Che que fue publicado en la Revista Cuba Socialista, en Septiembre 1962, donde él pregunta “¿qué es un cuadro?”, es decir un dirigente revolucionario, sea político o administrativo, y responde:

 

“Debemos decir que, un cuadro es un individuo que ha alcanzado el suficiente desarrollo político como para poder interpretar las grandes directivas emanadas del poder central, hacerlas suyas y transmitirlas como orientación a la masa, percibiendo además las manifestaciones que ésta haga de sus deseos y sus motivaciones más íntimas”.

 

Acto seguido, el Guerrillero Heroico acota:

 

“[Un cuadro] Es un individuo de disciplina ideológica y administrativa, que conoce y practica el centralismo democrático y sabe valorar las contradicciones existentes en el método para aprovechar al máximo sus múltiples facetas; que sabe practicar en la producción el principio de la discusión colectiva y decisión y responsabilidad únicas, cuya fidelidad está probada […]”.

 

Casi de inmediato, este hijo de la Patria de San Martín subraya que el cuadro “está dispuesto siempre a afrontar cualquier debate y a responder hasta con su vida de la buena marcha de la Revolución. Es, además, un individuo con capacidad de análisis propio, lo que le permite tomar las decisiones necesarias y practicar la iniciativa creadora de modo que no choque con la disciplina”.

 

Resulta natural, pues, que en la concepción guevariana el cuadro sea un creador, un dirigente de alta estatura, un técnico de buen nivel político que puede, razonando dialécticamente, llevar adelante su sector de producción o desarrollar a la masa desde su puesto político de dirección.

 

Tal vez más natural resulte que en la concepción guevariana el cuadro, aparentemente rodeado de virtudes difíciles de alcanzar, esté sin embargo presente en el pueblo “sea de Cuba o de cualquier latitud” y se encuentre día a día. Lo esencial es aprovechar todas las oportunidades que hay para desarrollarlo al máximo, para educarlo, para sacar de cada personalidad el mayor provecho y convertirla en el valor más útil para la nación.

 

Nunca debemos olvidar que el paradigmático argentino-cubano en El cuadro, columna vertebral de la revolución recordaba cómo al filo del Gran Enero de 1959, se cometieron muchos errores en la parte administrativa del Ejecutivo, enormes fallas de los nuevos administradores de empresas, que tenían responsabilidades demasiado grandes en sus manos, sin que de ello escapara el escenario político.

 

En consecuencia, se impone amamantar la percepción del Che sobre el Cuadro revolucionario con vistas a alejar pifias administrativas y pifias políticas —a esta altura, con una mayúscula urgencia de cara a la presencia de muy perjudiciales actos de corrupción. Ello me conduce a su Contra el burocratismo, publicado originalmente también en la Revista Cuba Socialista.

 

Al respecto, llama la atención que para el Comandante Che Guevara el burocratismo no es un componente inherente al Socialismo, sino más bien un resultado vinculado a la inexperiencia, un elemento que objetivamente deja su impronta en el trabajo cotidiano debido a tres razones fundamentales —según su propia consideración:

 

1ra razón.- la falta de motor interno: o sea, la carencia de interés del individuo por rendir su servicio al Estado y por superar una situación dada, traducido en una falta de conciencia revolucionaria o, en todo caso, en el conformismo frente a lo que anda mal. He aquí un enorme peligro.

 

2da razón.- la falta de organización: es decir que el burocratismo genera cuellos de botellas, freno innecesario al flujo de las informaciones de las bases y de las instrucciones emanadas de los aparatos centrales, las que a veces toman rumbos extraviados y, otras, se traducen en indicaciones mal vertidas, contribuyendo a más distorsión. He aquí otro gran peligro.

 

3ra razón.- la falta de conocimientos técnicos suficientemente desarrollados como para poder tomar decisiones justas y en poco tiempo: esto se traduce en que las discusiones suelen volverse interminables, y después de una, dos, unas cuantas reuniones, el problema sigue vigente hasta que se resuelva por sí solo o hay que tomar una resolución cualquiera, por mala que sea. He aquí una tragedia de incalculable consecuencias.

 

¡Téngase siempre en cuenta que constituye una amenaza constante el hecho que un dirigente político o administrativo posea PODER desde las miserias humanas, incluida la mediocridad!

 

Escapa a la casualidad que sea obligatorio exigir a todas las personas con funciones de Dirección en el sistema político cubano, establecer límites de tiempo para cumplir las instrucciones emanadas de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución aprobados en el 6to. Congreso del PCC, controlar correctamente y requerir tomar decisiones en tiempo prudencial, aspectos que devienen marcado puntapié al burocratismo y males asociados.

 

Tal es el escenario en el cual la Política de Cuadros deviene clave indispensable para la continuidad de la Revolución Cubana.

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